Cabeza Colgando
Me sentí como Luis XVI, con la guillotina pendiendo sobre mi cabeza. Es cierto, la revisión de contextos y descontextos, connotaciones y denotaciones, arrojó que el jurado, de un solo hombre, dictara sentencia. Se le acusa de desacato a los poderes magnos, a la jerarquía y a los símbolos, el veredicto es... culpable!!!
Comencé a ver caer la guillotina y desperté. En ese preciso momento llegaba el mail del director anunciando, que la columna anterior estaba censurada ¿por qué sería, si yo sólo quería enseñar a cocinar?
Bueno después de eso, sólo quedaba una salida... buscar dentro de mí, apartar de toda la ira que me produjo la noticia, y preocuparme de lo realmente importante.
Caigo en cuenta que el ser humano, para el ser humano es un estorbo, uno a uno nos vamos eliminando, nos castigamos, nos estigmatizamos, nos relegamos, y todo eso, por lo general lo hacemos a aquellos que salen fuera de ese molde de oro con incrustaciones de piedras preciosas llamado…"normalidad"
Tres películas en especial me recuerdan cuanto vale el ser humano y cuanto importan los sentimientos en la era de las comunicaciones y del cemento en donde somos unos perfectos desconocidos. Nací y crecí en una ciudad del sur de Chile y la verdad la vida en regiones hasta donde recuerdo era diferente, el ejercicio básico de saludar a quien no conoces contrasta con la guerra de codazos, que se respira en la urbe.
Pensando en eso vi por primera vez una obra del director Iraní Majid Majidi, y quedé maravillado y el asombro dura hasta el día de hoy, por la naturalidad de sus personajes, y la importancia que daba a su ser interno. Ese día llegó a mis manos "El color del paraíso" (Rang-e khoda, 1999) puse PLAY y pensé en ver nuevamente buen cine, pero fue más que eso -según mi humilde opinión esta cinta es una obra de arte-, una oda a los pecados y sentimientos de las personas. Mohamed un chico que ve la vida a través de sus percepciones y de su tacto, ya que nació ciego, tiene una forma especial de relacionarse con el medio ambiente que no se limita a una visión. Es capaz de comunicarse con todos, con el solo hecho de sentir. Los conflictos de un padre influenciado por la sociedad y por el qué dirán, y el tierno amor de su abuela, un mujer anciana y muy sabia, hacen de esta historia algo fascinante. Absolutamente minimalista en la narración y con interpretaciones actorales, por decirlo menos, geniales. Es un manjar recomendable para todos esos que buscan una brisa de aire fresco en estos días de tanta bruma. Mejor película en Grand Prix de las Américas en el Festival de Cine de Montreal, selección oficial en Toronto Film Festival, y en el New York Film Festival. Ganadora del Premio especial del jurado, mejor director y mejor película en el Festival Internacional de Gijon.
"El color del Paraíso" despertó mi curiosidad en la sensibilidad de relatar historias inocentes y llegué justo al momento cuando Wang reconoce que es hora de retirarse de su trabajo como "El rey de las máscaras", y decide entregar sus conocimientos a un niño que ha comprado en la calle. El problema central es la discriminación a la que se ve expuesto el niño, cuando se descubre su secreto. Son los años 30, pero esta película podría reflejar fielmente lo que vivimos día a día, las mil máscaras que se usan y la cantidad de estructuras que rigen nuestras vidas. La prepotencia, la intolerancia que contrastan con los sentimientos de "Gou Wa", quien es un niño precioso y que tiene que sobrellevar el hecho de que sus padres hayan decidido venderlo, además de vivir con alguien que no lo quiere. Pero este pequeño "pichón" (Gou wa), se da maña para repartir todo su amor y conquistar a todo aquel que se le ponga enfrente…incluidos nosotros como espectadores.
No va a faltar el pesimista (de esos que abundan), que dirá que eso ocurre sólo en las películas, pues bien, las películas nacen de la mente de un creador. Ese creador puedes ser tu, podemos ser cualquiera de nosotros, sólo debemos darnos el tiempo de mirar un poco dentro de nosotros mismos y dejar de tratar de cagar al de al lado.
Quizás con esto me gano un millón de enemigos, pero... ¿no sería más sano entregar una salida al mar para un pueblo que está sumido en la pobreza? no nos golpeamos el pecho todos los domingos por el prójimo, pero cuando se trata de ceder un pedazo de tierra, nos baja toda esa pedantería y con el prójimo hacemos un lulo?...Cual es la diferencia entre un gringo dueño de la mitad del sur de Chile y unos bolivianos pidiendo el 10% de tierra de lo que tiene el gringo…la plata?...el color de pelo?...el idioma?...la raza?...las conexiones?...las coimas?...o la conveniencia de los grupos de poder?...
El rey de las máscaras (Bian Lian, 1996) del director Wu Tianming ganó más de 16 premios internacionales, y es de una belleza que asusta... Debería ser materia obligada de senadores y diputados, sobre todo antes de las decisiones que toman por los que por ellos votaron…pero que muchas veces dependen de la hormona machista, o de la conveniencia del partido.
La ultima película que vale la pena destacar en esta revisión dentro de mis sentimientos, es "Adiós a los niños" (Au revoir les enfants, 1987). En plena segunda guerra mundial, la vida de dos niños se entrecruzan. Entre Julien y Jean nace la amistad, a pesar de que a ojos de los que tenían el poder en ese tiempo, no eran iguales.
Una película preciosa que nace de la vivencia del director Louis Malle, quien en un internado en Francia conoció a Hans Helmut, un niño judío que fue escondido en el Petit College d'Avon, un internado católico.
El placer de la amistad sincera de dos niños, intensamente emocional, nos muestra nuevamente acerca de los peores vicios de los seres humanos, la intolerancia y la iniquidad. Finalmente nos embarca en un viaje que quizás no quisiéramos hacer, enfrentándonos a la madurez forzada a la que se ven expuestos sus personajes.
Esta linda obra fue premiada como la mejor película en el festival de Venecia, además de siete premios César, mejor película, mejor guión, mejor fotografía, mejor montaje, mejor dirección artística, y mejor sonido, además de la nominación al Oscar como mejor película extranjera.
En definitiva tres películas que aunque parezca cliché dan de comer al alma, alma señores es algo que no se transa, no se compra en la esquina, no se consigue aplastando a otros, no roba, ni se vende por miedo. No es raro que en estas cintas sean precisamente niños, los que nos dan la gran lección, ¿será que cuando crecemos nos hacemos cada vez mas prisioneros, al contrario de la libertad de pensamientos que tiene un niño?. Quisiera ver a las religiones y tendencias haciendo una retrospectiva del ser humano como el todopoderoso, sin tener que atemorizar por medio de ángeles o demonios, tormentas o siete plagas ni excomulgaciones varias, si llega alguna vez el Apocalipsis lo provocaremos nosotros mismos, porque no hemos sido capaces de aprender algo acerca de nosotros mismos, ni hemos sido capaces de comunicar si pretender exterminar.
Espero esta vez no presenciar como rueda mi cabeza esta vez... víctima de un tijeretazo editorial…AMÉN
Comencé a ver caer la guillotina y desperté. En ese preciso momento llegaba el mail del director anunciando, que la columna anterior estaba censurada ¿por qué sería, si yo sólo quería enseñar a cocinar?
Bueno después de eso, sólo quedaba una salida... buscar dentro de mí, apartar de toda la ira que me produjo la noticia, y preocuparme de lo realmente importante.
Caigo en cuenta que el ser humano, para el ser humano es un estorbo, uno a uno nos vamos eliminando, nos castigamos, nos estigmatizamos, nos relegamos, y todo eso, por lo general lo hacemos a aquellos que salen fuera de ese molde de oro con incrustaciones de piedras preciosas llamado…"normalidad"
Tres películas en especial me recuerdan cuanto vale el ser humano y cuanto importan los sentimientos en la era de las comunicaciones y del cemento en donde somos unos perfectos desconocidos. Nací y crecí en una ciudad del sur de Chile y la verdad la vida en regiones hasta donde recuerdo era diferente, el ejercicio básico de saludar a quien no conoces contrasta con la guerra de codazos, que se respira en la urbe.
Pensando en eso vi por primera vez una obra del director Iraní Majid Majidi, y quedé maravillado y el asombro dura hasta el día de hoy, por la naturalidad de sus personajes, y la importancia que daba a su ser interno. Ese día llegó a mis manos "El color del paraíso" (Rang-e khoda, 1999) puse PLAY y pensé en ver nuevamente buen cine, pero fue más que eso -según mi humilde opinión esta cinta es una obra de arte-, una oda a los pecados y sentimientos de las personas. Mohamed un chico que ve la vida a través de sus percepciones y de su tacto, ya que nació ciego, tiene una forma especial de relacionarse con el medio ambiente que no se limita a una visión. Es capaz de comunicarse con todos, con el solo hecho de sentir. Los conflictos de un padre influenciado por la sociedad y por el qué dirán, y el tierno amor de su abuela, un mujer anciana y muy sabia, hacen de esta historia algo fascinante. Absolutamente minimalista en la narración y con interpretaciones actorales, por decirlo menos, geniales. Es un manjar recomendable para todos esos que buscan una brisa de aire fresco en estos días de tanta bruma. Mejor película en Grand Prix de las Américas en el Festival de Cine de Montreal, selección oficial en Toronto Film Festival, y en el New York Film Festival. Ganadora del Premio especial del jurado, mejor director y mejor película en el Festival Internacional de Gijon.
"El color del Paraíso" despertó mi curiosidad en la sensibilidad de relatar historias inocentes y llegué justo al momento cuando Wang reconoce que es hora de retirarse de su trabajo como "El rey de las máscaras", y decide entregar sus conocimientos a un niño que ha comprado en la calle. El problema central es la discriminación a la que se ve expuesto el niño, cuando se descubre su secreto. Son los años 30, pero esta película podría reflejar fielmente lo que vivimos día a día, las mil máscaras que se usan y la cantidad de estructuras que rigen nuestras vidas. La prepotencia, la intolerancia que contrastan con los sentimientos de "Gou Wa", quien es un niño precioso y que tiene que sobrellevar el hecho de que sus padres hayan decidido venderlo, además de vivir con alguien que no lo quiere. Pero este pequeño "pichón" (Gou wa), se da maña para repartir todo su amor y conquistar a todo aquel que se le ponga enfrente…incluidos nosotros como espectadores.
No va a faltar el pesimista (de esos que abundan), que dirá que eso ocurre sólo en las películas, pues bien, las películas nacen de la mente de un creador. Ese creador puedes ser tu, podemos ser cualquiera de nosotros, sólo debemos darnos el tiempo de mirar un poco dentro de nosotros mismos y dejar de tratar de cagar al de al lado.
Quizás con esto me gano un millón de enemigos, pero... ¿no sería más sano entregar una salida al mar para un pueblo que está sumido en la pobreza? no nos golpeamos el pecho todos los domingos por el prójimo, pero cuando se trata de ceder un pedazo de tierra, nos baja toda esa pedantería y con el prójimo hacemos un lulo?...Cual es la diferencia entre un gringo dueño de la mitad del sur de Chile y unos bolivianos pidiendo el 10% de tierra de lo que tiene el gringo…la plata?...el color de pelo?...el idioma?...la raza?...las conexiones?...las coimas?...o la conveniencia de los grupos de poder?...
El rey de las máscaras (Bian Lian, 1996) del director Wu Tianming ganó más de 16 premios internacionales, y es de una belleza que asusta... Debería ser materia obligada de senadores y diputados, sobre todo antes de las decisiones que toman por los que por ellos votaron…pero que muchas veces dependen de la hormona machista, o de la conveniencia del partido.
La ultima película que vale la pena destacar en esta revisión dentro de mis sentimientos, es "Adiós a los niños" (Au revoir les enfants, 1987). En plena segunda guerra mundial, la vida de dos niños se entrecruzan. Entre Julien y Jean nace la amistad, a pesar de que a ojos de los que tenían el poder en ese tiempo, no eran iguales.
Una película preciosa que nace de la vivencia del director Louis Malle, quien en un internado en Francia conoció a Hans Helmut, un niño judío que fue escondido en el Petit College d'Avon, un internado católico.
El placer de la amistad sincera de dos niños, intensamente emocional, nos muestra nuevamente acerca de los peores vicios de los seres humanos, la intolerancia y la iniquidad. Finalmente nos embarca en un viaje que quizás no quisiéramos hacer, enfrentándonos a la madurez forzada a la que se ven expuestos sus personajes.
Esta linda obra fue premiada como la mejor película en el festival de Venecia, además de siete premios César, mejor película, mejor guión, mejor fotografía, mejor montaje, mejor dirección artística, y mejor sonido, además de la nominación al Oscar como mejor película extranjera.
En definitiva tres películas que aunque parezca cliché dan de comer al alma, alma señores es algo que no se transa, no se compra en la esquina, no se consigue aplastando a otros, no roba, ni se vende por miedo. No es raro que en estas cintas sean precisamente niños, los que nos dan la gran lección, ¿será que cuando crecemos nos hacemos cada vez mas prisioneros, al contrario de la libertad de pensamientos que tiene un niño?. Quisiera ver a las religiones y tendencias haciendo una retrospectiva del ser humano como el todopoderoso, sin tener que atemorizar por medio de ángeles o demonios, tormentas o siete plagas ni excomulgaciones varias, si llega alguna vez el Apocalipsis lo provocaremos nosotros mismos, porque no hemos sido capaces de aprender algo acerca de nosotros mismos, ni hemos sido capaces de comunicar si pretender exterminar.
Espero esta vez no presenciar como rueda mi cabeza esta vez... víctima de un tijeretazo editorial…AMÉN

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